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PIROPO

La línea que separa un piropo de una agresión puede que sea ténue y subjetiva para muchos hombres y muchas mujeres, pero para mí todo lo que incomode o haga sentir mal a alguien es una agresión.

A diferencia de muchas mujeres no entiendo el piropo como una agresión en sí misma, no es algo que me guste especialmente pero tampoco lo asocio como una falta de respeto.

En realidad lo hacemos continuamente, con los bebés y los niños, con adultos conocidos y desconocidos, es casi de buena educación y es parte de las habilidades sociales. Es dificil que a alguien le moleste un “que bebe más lindo”, “que niña más bonita”, o “¿tiene usted 82?, nadie lo diría”. Son piropos, cumplidos, frases amables, consecuencia de nuestra interacción social. La cosa empieza a complicarse cuando aparece el contenido sexual y la forma de exteriorizarlo.

Cuando alguien admira y busca celebrar su agrado no lo hace clavando la mirada intensamente, ni entre dientes como soltaría un exabrupto, ni lo hace gritando en la distancia amedrentando al destinatario, ni disimula cuando es descubierto desviando la mirada admitiendo su falta.Cuando alguien admira lo hace de frente,orgulloso, porque admira,  respeta y se siente mal si el o la admirada se incomoda. Si eso sucede el que admira se disculpa.

Desde que tengo memoria he convivido con los piropos y con las agresiones verbales desde los 13 años. No conozco a ninguna mujer que no haya vivido una agresión verbal y la que dice que no, muchas veces confunde agresión con piropo “subido de tono”.

Lo curioso de la agresión es que aunque es mayoritaria en los hombres sobre las mujeres, también lo es de mujeres sobre mujeres y supongo, porque no lo he presenciado, de mujeres sobre hombres.  No hay discriminación.

Nunca me ha hecho sentirme mal despertar la admiración de otra mujer, me parece que es igual. La admiración, en esencia,  es la misma, venga de un hombre o de una mujer. Alguna chica me ha entrado o me ha dicho algún piropo que  me ha hecho sentir bien. Pero también me he sentido agredida por mujeres, especialmente cuando lo han hecho en sitios en los que por sus características he estado más indefensa. He sentido esa mirada que te  atraviesa por una mujer en un vestuario o en una consulta médica y francamente, me he sentido igual de agredida que cuando lo ha hecho un hombre.

¿Las mujeres homosexuales que agreden a otras mujeres repiten patrones machistas o es, además un problema de educación o respeto?. Es un punto interesante. En el fondo, machistas o no, es un problema de respeto y educación.

He vivido diferentes etapas a la hora de afrontar este problema, digo problema porque en ocasiones lo ha sido. Ha determinado desde mi forma de vestir a mi libertad de deambular por una calle.

Forma de vestir.  Siempre me he vestido para mí. Como yo no me vea bien ya me puede decir media humanidad que estoy estupenda que a mi me da igual, lo bueno es que también funciona al revés y si me veo estupenda, pues los demás…. ya sabéis. Cierto es que a veces te vistes para seducir, pero a una persona concreta, no a todos los hombres. Yo tenía esto muy claro hasta una conversación con un chico con el que salía. Me marcó profundamente, porque había mamado del feminismo, literalmente, y yo a su lado aún tenía ciertas visiones heredadas de una sociedad machista. El caso es que me dijo algo así que si yo me ponía escote era porque quería que me mirasen. La culpa, de nuevo, es de la mujer, qué novedad.

Esta visión machista me acompañó bastante tiempo y me sentía un poco responsable cuando iba con escote, más ceñida o más corta, o con los labios de un color intenso, hasta el punto de condicionar mi forma de vestir si iba a ir en transporte público o llevar un chal en el bolso para cubrir las zonas en momentos “complicados”, bus, metro, en el que te traspasan con la mirada, hasta hacerte sentir desnuda y sucia, o para cubrirte mientras andas para evitar la vista del bamboleo …. Menos mal que vi la luz y entendí que el problema no lo tenía yo, sino los que agreden.

Libertad ambulatoria. No eres libre para andar por las calles porque muchas veces has tenido que evitar un sitio o cruzar de acera para evitar la agresión de un grupo de machos o, al menos, atenuarla, con la distancia.

De las agresiones no se libra ninguna mujer, la guapa porque es guapa, la fea porque es fea, la gorda porque está gorda y la vieja porque está vieja. El agresor no discrimina y es “generoso ” porque además de agredir humilla y denigra.

Me gustaría compartir algunos de los piropos y de las agresiones que mis amigas o yo hemos sufrido, sobre todo para esos hombres que piensan que llamar agresión a un piropo es propio de histéricas.

En la calle cuando vamos solas.

Primero uno que aún hoy nos impacta. Por suerte no lo viví en primera persona, pero la agredida recuerda que la marcó muchísimo: “Hola bonita, qué guapa eres, seguro que ya te ha salido sangre del conejo?”.  No hay palabras. Es una agresión a la indemnidad sexual clara. Mi amiga tenía 13 años y este tipejo coartó su libre desarrollo de la sexualidad y de la visión que tenía hasta entonces de la figura del hombre.

Sigo con otro que a mis amigos varones les hizo muchisima gracia y celebraron con risotadas por la ocurrencia, por suerte ya han madurado y ahora ya les parece repugnante: “Rubia, ven pacá que te voy a echar tó el gotelé”. Recuerdo ese día perfectamente y el asco y la repugnancia que sentí. Había quedado a comer con unas amigas en el puerto y se me cerró el estómago.

“Ay mamita tu sí que debes haserlo rico”. No creo que se refiriera al cocido.

“En ese culo te iba a meter de todo menos miedo”.

…….

Cuando vamos acompañadas. “¿Es tu chica?. Enhorabuena”. Pero bueno, ya es el colmo que feliciten a tu acompañante como si fueras un premio. Claro, es mérito del macho alfa, nosotras, un objeto decorativo al que ni siquiera hay hablar. O si se percatan de que vas acompañada y te sueltan algo, se disculpan con tu acompañante. ¡Pero bueno!. me has agredido a mi. Absurdo y machista.

En los transportes públicos, aprovechan con el brazo para rozarte un pecho, o se arriman a tu trasero, imaginaos con qué. Cuando hay aglomeración en cualquier sitio, tienes que pasar con los antebrazos por delante del pecho, dejando indefensa la retaguardia.

Recuerdo un día en unas escaleras mecánicas que sentí algo en el culo y me volví indignada, vi a un señor mayor con una maleta y me sentí mal por pensar que me habia tocado. Unos metros mas tarde, ya andando, me volvió a tocar y encima, como me habia vuelto y no le había dicho nada creyó que le alentaba y me volvió a tocar con un “jamona” entre dientes realmente repugnante. Me enfadé tanto que notaba como me abrasaban las mejillas. A duras penas controlé las ganas de arrearle un paraguazo y le grité: ¡Váyase usted a la mierda”. Frase también muy celebrada por mis amigos varones por el uso del usted y mierda en la misma frase.

¿Por qué mis amigos varones no eran capaces de entender que no era gracioso, que me hacía sentir mal?. ¿Por qué muchas mujeres los aceptan resignadas?.

Para mí es un tema aún sin cerrar. Me sigue condicionando cuando tengo el día tonto a la hora de vestirme, no siempre me encuentro con fuerzas de plantar cara ni de aguantar las miradas o las palabras. Tengo aún muy arraigado ese prejuicio aprehendido de que por ser mujer soy la responsable de despertar deseo sexual y a la vez una voz qué me dice que de eso nada, ¿responsable de qué?, ¿de existir?, ¿de tener un cuerpo hermoso?, ¿de disfrutar de mi feminidad?. La voz, por suerte, cada vez es más fuerte y más clara.

Esa voz hace que me ponga lo que me haga sentir guapa y segura, la que hace que devuleva  la mirada desafiante porque ninguno la mantiene, porque el que agrede no admira, el que agrede se deshumaniza y se esconde porque sabe que su sitio está entre las sombras. Las sombras que para muchos separan un piropo de una agresión.

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