Cuando en una conferencia para profesionales con, al menos, una licenciatura, el “coach”  de turno da como consejo estrella que cuando se entre a un sitio se salude, algo va mal, pero que muy mal.

Imaginense mi sorpresa al oirlo y  ver a mis colegas tomando notas. Para mí es algo tan automático casi como respirar, entras en un sitio y saludas, no hay más.

¿Qué nos intentaba transmitir este iluminado de la comunicación?. ¿Puede ser que haya gente que no sepa que hay que saludar cuando alguien entra en un sitio?. Probablemente los haya, pero creo que son más los que pasan de hacerlo.  Es triste que solo se salude para obtener cualquier rédito, ya sea profesional o personal y que se anime a ello públicamente y sin sonrojo.

Esto no es más que un reflejo de la sociedad. A veces entras en un sitio público, saludas y el desconocido o desconocida te mira com una mirada interrogante y hasta molesta pensando quizás “por qué me saludas si no me conoces”, “pues porque tengo educación, lerdo/a”, respondes mentalmente.  No es que saludar cueste especialmente, lo que cuesta es superar esa visión egocéntrica que tenemos y ceder nuestra atención en cada  interacción humana a favor de otra persona, darle su importancia, aunque solo sea por el mero hecho de compartir un espacio temporalmente.

¿Qué deshumaniza más que ignorar al otro?. Compartir un tiempo y un espacio con una persona, por muy desconocida que sea, e ignorarla, como si no existiera, como si fuera un mueble más. Así nos va. Luego nos quejamos de que no nos ayuden cuando nos ocurre un percance en la calle. Si somos nosotros mismos, o gente como nosotros, los que estamos propiciando esto en gimnasios, ascensores, tiendas, lugares de trabajo, colegios, en todos los ámbitos en los que nos desarrollamos personal y profesionalmente.

Deberiamos rebelarnos ante esta corriente de deshumanización que nada bueno nos puede aportar. Yo ya lo he hecho y. a veces, hasta saludo adrede o a mala leche, según se mire, porque hay gente que se toma un saludo, y la tesitura de tener que devolverlo, como una afrenta personal, y te lo devuelve mascullando entre dientes.

Eso si, ármense de valor y de paciencia, porque no siempre se lo van a devolver. Hay que estar preparados y encajarlo con deportividad, a veces, con comicidad, nadie dijo que fuera fácil. Y olvídense de que hay franjas de edad más proclives, ¡eso era antes1, ahora la mala educación es más demócrata que nunca y está presente en todas las edades. Quizás sea por esa confusión entre modernidad y relajación de costumbres. ¿Qué tendrá que ver ser moderno con ser maleducado?. Es flipante. ¿Qué puede haber más moderno que el respeto hacia uno mismo y a los demás?. Lo siento Mr Coach, pero si eso es el coaching, para coachs ya tengo a mi abuela.

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