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A 24 de Mayo puedo hacer un anuncio oficial que a muchas, y espero que a muchos, por aquello de la igualdad de género, les va a generar cierta zozobra: “la operación bikini ha terminado”.
Así es, empieza en enero justo después del Roscón de Reyes y suele terminar antes de las comuniones, en los sitios con costa y, a mediados de junio, en los sitios más de secano. Si acaban de empezar, siento decirles que ya no llegan, aunque no se desanimen, una lorza menos, es siempre una lorza menos.
Yo he vuelto a llegar tarde, para variar, pero he reaccionado a tiempo y he soltado algo de lastre en estos tres últimos meses. Aunque lo mío no se queda sólo en esto, ojalá. Lo mío es una batalla constante, diaria y ad perpetuam contra el peso.  La genética, que me ha mimado con muchos regalos, me tenía esto preparado en la letra pequeña. En mi familia, todos los que están delgados es a fuerza de cuidar la dieta y mucho deporte, los demás, gorditos, con gracia, pero con kilos de más.
La forma más fácil de vivir con este “inconveniente” es asumirlo, no hay más. Ayer lo hablaba con una amiga que me sacó la misma conversación al verme más delgada: “si es que no hay más, llevo 15 años pasando hambre”. Esto no es literalmente cierto al ciento por ciento. Cuando se habla de pasar hambre, es hambre de cosas cotidianas, llega un momento que te aburres de todo a la plancha, asado o hervido, aunque la mayoría de las veces lo disfrutes. Tienes hambre de pasta, de guisos, de paella, de una tapa de ensaladilla rusa, de un croissant de vez en cuando para desayunar, de un helado en las noches de verano en el paseo marítimo, de patatas bravas, de confit de pato, de sushi-maki, la lista es interminable.
Tengo que reconocer, que a diferencia de mi amiga y de la mayoría de mis primos, no tengo su misma férrea disciplina ni su tolerancia a la frustración. A mi, cada cierto tiempo, aún me frustra no poder comer y no hablo de cantidad, hablo de variedad y de elección. A veces, hasta evito pasar por según qué calles, para regatear , más que a las tentaciones, a los cabreos. Por suerte no es algo que me pase todos los días, unas veces son por circunstancias endógenas y otras exógenas, como hoy, que ha sido por leer algunos artículos.
En la publicidad que Vogue España ha elegido para su número de junio se habla de mujeres sanas y con muchas curvas. No dudo de que las mujeres que salen en el mismo estén sanas como manzanas, pero curvas, lo que se dice curvas, hay pocas. En la portada sale Toni Garrn, una modelo que me encanta, pero que no es precisamente un ejemplo de cuerpo con curvas, ni siquiera con esa pose exagerada logra marcar cadera, cierto es que el vestido no le ayuda mucho en la tarea.
Esto es lo que Vogue intenta vender en su número: “El triunfo de la mujer real. Así resume Vogue España el proyecto internacional The Health Initiative, al que dedica sus páginas del número de junio; el ejemplar de la vida healthy por excelencia. Porque Vogue adora las curvas y los cuerpos sanos”. Ahí queda eso. Adora algo que, obviamente, desconoce en el mejor de los casos o redefine, en el peor.  La visión de Vogue España de la mujer real en mi opinión dista mucho de los objetivos que se ha marcado  The health Initiative, de hecho me parece que va en la dirección opuesta.
En el lado opuesto nos encontramos con Vogue Italia y su numero de junio del 2011, que dedicó a mujeres con curvas fotografiando a modelos de tallas grandes. Estos por lo menos prometieron curvas y curvas dieron. Las fotos, estupendas. Las modelos, espectaculares con ese estilismo con toques de neorrealismo. Pero, lo que me falla es que sean de tallas grandes. ¿Qué ha pasado para que una mujer con talla 40 o 42 se considere modelo de tallas grandes?. Nada bueno. Pero vamos, ya les gustaría a muchas tener los cuerpos de alguna de éstas.
Eso en cuanto a las curvas, que tampoco son patrimonio exclusivo de las mujeres con kilos de más, también se puede estar delgada y tener curvas  y también conviene precisar que las lorzas y los michelines también son curvas, pero no tienen la triple A.
En cuanto a lo de estar sanas, se puede estar sana y gorda y enferma y delgada, pero lo que es una obviedad es que el sobrepeso tiene problemas añadidos a la larga.  Querer cerrar los ojos ante esto es una necedad. Sólo con ver a la población mayor de 75 años, se observa que los problemas físicos más importantes son los de movilidad, un peso adecuado, sin caer en histerismos, es mucho más beneficioso.
Mujeres reales, mujeres de verdad. Ni lo son las delgadas ni las que tienen curvas, mujeres reales y mujeres de verdad, somos todas. Porque cada una tenemos una constitución diferente. ¿Por qué se es más mujer por tener más pecho?, ¿es que acaso dejamos de ser mujeres tras una mastectomía?, ¿qué lleva a una mujer a querer usar una talla 34, para después operarse el pecho para tener una 95, operarse los gluteos para poder tener trasero?. Es un ideal de belleza enfermo, que, en consecuencia, genera enfermedad.
También lo es abandonarse, no poder ni ponerse los zapatos, ahogarse por andar 10 minutos, hincharse a comer  y pretender que se está bien. Pues mire, no esta usted bien. Respeto, por supuesto que sí, como a cualquier otro enfermo. Cualquier dolencia que te incapacite para el normal desarrollo de la actividad lo es, mal que les pese a muchos colectivos de obesos. Me parece irresponsable no verlo así. Diferente me parece la creciente gordofobia  y la discriminación o el acoso, totalmente deleznables y que desde aquí denuncio públicamente.
Pero no ver que vivimos en una sociedad en la que la imagen prima es una mala opción. No digo que tengamos que participar de ello, cada uno, en su pequeña parcela de influencia, puede marcar diferencias. Pero siempre es más fácil ganar un juego si conoces las reglas, o , al menos, poder participar y ahora en el juego, las personas delgadas tienen un bonus en la casilla de salida que los gordos no tienen.
Ahora ser gordo es peor que hace unos años. Lamentablemente es así y digo lamentablemente por la parte que me toca, pero bueno, no es un determinismo, ni una verdad absoluta, cada ser humano es diferente y aunque gordo, puede tener otros muchos bonus y ganar el juego.
La belleza abre puertas. Es una verdad universal. A nosotros corresponde como queremos que sea, que sólo alcance al exterior o que sea algo más trascendente.
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