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Anhelo humano, bandera de infínitas causas, la libertad goza de plena actualidad, pero, ¿qué entendemos por libertad?, ¿es un valor absoluto, por ser inherente al ser humano, por el mero hecho de ser racional ?, ¿es un valor programático  o es una simple ilusión y no existe tal y como la concebimos?.  ¿Tenemos la ilusión de que somos libres, de que somos nosotros quienes libremente decidimos o decidimos motivados por condicionantes erróneamente autoimpuestos?.

Nos encontramos con el libre albedrío, mas que como un concepto teológico, que también, más desde una perspectiva filosófica,  totalmente opuesto al determinismo, en el que todas las decisiones, todas las acciones, son consecuencia  de causas previas. Aceptar esto sin matices sería contrario a la esencia misma de lo humano. Aceptar sin más el voluntarismo,  el libertarismo o la simplista teoría de la agencia como contraposición al determinismo sin más, sería entrar en una dicotomia tan falsa o inquietante como pensar que el hombre carece de decisión. Es innegable  que cuando se toma una decisión se produce una acción, pero pensar que sólo esto es ya libre albedrío es más que ingenuo. 

Entre ambas posturas podríamos aferrarnos al incompatibilismo,  sólo se actúa en libertad cuando el individuo es el que genera la acción y esta podría resolverse de diferente forma a la elegida.  Desde este punto de vista, ¿sólo somos libres cuando somos nosotros los que creamos las situaciones?. En mi opinión creo que somos igual de libres o de no libres que cuando decidimos sobre situaciones generadas por el mundo exterior. Los condicionantes no son sólo externos, sino que, en la mayoría de las decisiones son internos. A lo largo de nuestra vida acumulamos experiencias y tejemos unas redes de interrelaciones que van construyendo lo que realmente somos. no somos islas, ni falta que nos hace. Lo que se puede ver como condicionantes o limitaciones a la autentica libertad tales como la personalidad, la familia, la educación, el conocimiento, la ideología, la religión, la economía, la sociedad, la conciencia, la moral, que ciertamente lo son, también son parte de nosotros mismos, son lo que hemos sido, lo que somos y lo que llegaremos a ser.

Pensar en el concepto de libertad de Spinoza, con su famosa comparación entre el hombre que se cree libre y la piedra del sendero o la distinción de Schopenhauer entre libertad física, libertad intelectual (concepto Aristótellico) y libertad moral, que desembocan ambas en un determinismo real y bien fundamentado  supone aceptar  un concepto no-libre del hombre, en la inexistencia efectiva del libre albedrío, en la pugna del deseo de libertad y la libertad en sí misma. “No hay en la mente un absoluto libre albedrío, ya que la mente viene determinada por el deseo de esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito”. Es un pensamiento desalentador.

Prefiero dejar a un lado, por el momento, el concepto metafísico de libertad y abordar esta reflexión desde un punto de vista mas cotidiano revisando  la más positiva visión de Steiner, que entiende la libertad como la unión de dos libertades, la de pensamiento y la de acción.  Para este autor la auténtica libertad es cuando conseguimos integrar nuestras percepciones con nuestros pensamientos, esa es la auténtica libertad. Apriori, nos reconforta, pero la crítica es inevitable, ¿cuál libertad influye a cuál?. Aparecen de nuevo conceptos como, mundo material, mundo exterior, libertad externa, percepciones, luego parece que una de las claves es cómo percibimos el mundo exterior, lo que nos rodea, cómo nos interrelacionamos y lo que conocemos. “Mirar el pensamiento mientras miramos el mundo” es el punto de partida de la filosofía de Steiner.  Esto implica que no solo veamos el pensamiento como algo ya  hecho y terminado, porque si solo miramos,  sólo somos conscientes del pensamiento en sí como objeto y no de la actividad que el pensamiento realiza al mirar, al construir un criterio.  Luego construimos la libertad a través de la voluntad y está a partir del pensamiento.

En este punto, ¿pensar, conocer,  nos perjudica o nos beneficia?, ¿cuanto menos conozcamos somos más libres porque nuestra libertad interna es la que va a decidir?, o ¿cuanto más sepamos tendremos más capacidad para conformar una auténtica voluntad y por ende una auténtica libre elección?. En una época en la que se diseña desde qué pensar, a qué comer, qué llevar, a quién votar y hasta a quién odiar, l conocimiento es el único instrumento que nos queda para poder ser libres, para conformar nuestra propia voluntad.

Para Steiner el hombre no es apriori un ser libre, sino que está en todo momento en camino hacia la libertad. Luego si tendemos hacia la libertad no sería un valor inherente a la condición de ser humano racional, sino que deberíamos entenderlo como una valor programático, la libertad sería a lo que estamos tendentes y el conocimiento y el pensamiento  nuestro camino.  Camino ciertamente difícil si tenemos en cuenta la exaltación de la libertad como valor en sí mismo y el desprecio absoluto al conocimiento como elemento decisivo en la vertebración de la voluntad.

Para concluir, una  cita: “Entra precisamente en los designios de la naturaleza que la voluntad llegue a la luz, pues sólo con la ayuda de la luz puede conseguir la liberación” Schopenhauer. 

Las interpretaciones son varias y la correcta es la de analizar la cita conforme al espíritu de su obra , por lo que sacar a la luz se refiere claramente a que sea conocida y, por ello, libre. Con todo mi respeto a Schopenhauer y su obra, a la que rindo sincera admiración, siempre he hecho una interpretación de esta cita mucho más poética entendiendo la luz como metáfora de conocimiento. Conozco, pienso,  y quiero elegir libremente interpretarla así.

 

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